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Estilos.
Las vistas ganaron importancia. La tendencia apunta a
emplear muebles bajos. Se recomienda dejar un espacio libre
entre el mueble y el techo. Por lo general, se utilizan
módulos anchos y que no superen los 60 centímetros de altura.
Esto apunta a lograr vistas más abiertas dentro del ambiente.
El presupuesto. Los materiales son uno de los puntos clave a
la hora de los números. Si la idea es armar un proyecto de
bajo costo, lo más económico es la melamina. La opción
intermedia son los muebles recubiertos en PVC, de moda en
Europa. Son muy prácticos: no se rallan, son fáciles de lavar
y también, más duraderos. Vienen en diversos colores y lo más
usado es la combinación del blanco con el gris metálico, que
produce un toque moderno.
En tanto, los amoblamientos en maderas laqueadas y macizas,
como el cedro y el roble, son los más exclusivos.
El diseño. Los muebles sin puertas son más decorativos y
permiten destacar algún rincón. Además, son más económicos. En
cambio, las estructuras con puertas son útiles para guardar
cosas sin que estén a la vista. Otra ventaja: se diseñan con
una mayor capacidad de almacenamiento.
Mix. Una buena idea es combinar materiales. Las puertas con
vidrio esmerilado no permiten ver el interior del mueble y a
la vez producen un descanso visual. También se utilizan los
marcos de aluminio en las puertas y cajones. Además de dar un
toque moderno son prácticos, ya que protegen al mueble de los
roces.

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Funcional. La circulación dentro del ambiente también es
clave. Lo más práctico son los muebles divisores, que sirven
para separar la cocina del comedor pero sin hacer un corte
visual en el ambiente.
Pueden servir como bar o desayunador.
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