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La primera transformación fue sustituir las puertas
originales por otras más juveniles, lacadas de blanco para que
dieran luminosidad al espacio. La de la entrada lleva dos
cuarterones que le dan elegancia. La puerta del salón se
embelleció con un arco de madera y cristal que, al mismo
tiempo, sirvió para dejar pasar mayor luz natural al
recibidor. También se sustituyeron los rodapiés por otros de
color blanco, con el objetivo de unificar toda la carpintería.
Después, se cambió el color de las paredes. Los dueños
buscaron un tono a su medida:
un crema suave que propicia una atmósfera más cálida y
envolvente. Además, decidieron decorarlas con escocias de
escayola de estilo clásico: un detalle decorativo perfecto
para poner una nota de elegancia al conjunto.

También buscaron un pavimento que ennobleciera la
decoración, que fuera cálido y resistente: una tarima de roble
que da continuidad visual porrque se instaló en toda la casa,
aunque en el recibidor se cubrió con dos alfombras persas
para vestirlo más.
Otro aspecto que se cuidó mucho fue la iluminación, combinando
dos tipos de luz. Una ambiental y cálida con la lámpara de
techo, y otra más íntima gracias a la lámpara de sobremesa,
que además permite tener un punto de luz auxiliar.
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Como toque final los accesorios también sirvieron para dar
personalidad al recibidor.
Se instaló un radiador nuevo inspirado en los modelos
antiguos, en hierro y muy decorativo, y los mecanismos fueron
sustituidos.
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