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Por ese motivo decidieron sustituir la pintura de las paredes por un
revestimiento que se limpia sin problemas con un paño humedecido, y
que además las protege bien de posibles golpes y roces.
El revestimiento elegido fueron unas láminas de PVC que ellos mismos
instalaron, ya que su montaje es muy sencillo. Con este material
cubrieron las paredes de arriba a abajo. Así lograron un efecto óptico
muy acertado: dar más verticalidad al espacio y alejar visualmente el
techo.
La idea de escoger este revestimiento en un blanco resplandeciente fue
para dar más luminosidad al cuarto, pues no es muy grande.
Además así les fue más sencillo introducir color en la decoración,
dosificándolo para no recargar. Jugaron con azules y rojos y los
coordinaron en los accesorios y en los textiles.
El suelo también lo modificaron. Buscaban un material que aportara
calidez a la estancia, y al final se decantaron por un laminado de
color haya, duro y fácil de mantener.
Sobre él colocaron una alfombra, improvisando así una agradable y
cómoda zona de juegos.
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